22 jul. 2017

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“No he venido a llamar a justos sino a pecadores para que se arrepientan” (Lucas 5:32)

Hace algunos años tomé una decisión “políticamente incorrecta”. Me planteé mi rol como predicador del Siglo XXI. Discutí mucho conmigo mismo qué debía hacer en el nuevo contexto y decidí abrir una cuenta de Facebook, otra de Twitter y ponerme a escribir algunos Blogs. Eso lo hice, no porque tenga tiempo libre, al contrario, es lo que menos tengo, sino porque si quería llegar a las nuevas generaciones, tendría que ir dónde estaban.

Jesús iba a las plazas, que no tienen nada que ver con nuestras plazas, sino a los lugares donde la gente solía juntarse, que eran generalmente alrededor de los pozos de agua, o en el sector donde llegaban los comerciantes. ¿Por qué Cristo iba allí? Simplemente, porque en ese lugar estaban los muchachos, la gente de a pie y posibles interesados en escuchar su mensaje.

De vez en cuando, cuando había una fiesta religiosa, se acercaba al único templo que existía en todo Israel, para instalarse no adentro, en el patio, sino en la puerta, para que la gente religiosa lo escuchara.

La mayor parte del tiempo andaba por el campo y se acercaba a los campesinos, en el mar a los pescadores, en las praderas a los pastores. En otras palabras, Jesús iba donde la gente estaba, no esperaba que ellos viniera a él, como cómodamente lo hace la mayoría de los que se hacen llamar “cristianos”, pero que en la práctica no conocen ni a Jesús ni al que iba a los lugares donde estaban los despreciados, las prostitutas y todos aquellos que no tenían lugar entre personas de otra calaña.

Hacer lo que Jesús hizo me ha costado más de algún regaño de algún “buen cristiano”, pero sigo, voy sin esperar que vengan.

“Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios” (Teresa de Calcuta)



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: REFLEXIONES AL AMANECER


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