24 ene. 2018

Complacerle a todos



“Nadie tiene el derecho de entregarme a ellos para complacerlos” (Hechos 25:11)

Una parte de la ética poco asumida y entendida es que no hay lugar para la neutralidad ni lo “políticamente correcto”. La defensa de la verdad y lo virtuoso exige que seamos capaces de mantenernos fieles a una posición. Lo neutro, es como la palabra lo dice, punto muerto. En ética eso es lo más contradictorio en la búsqueda del bien.

Muchas personas, que han aprendido a navegar en las oscuras aguas de la política y el establishment, suelen creer que la vida es como remar con dos remos, sirviendo indistintamente a intereses de un lado y de otro. El problema con este planteamiento, es que cuando no nos definimos remar de manera equivocada implica dar círculos y no avanzar.

Jesús anunció que sus seguidores serían perseguidos. Algunos en una victimización absurda creen que eso está vinculado con adoración, formas de pensar o incluso, por adorar en un día y no en otro. Lo real, es que a Cristo no lo persiguieron por nada de eso, sino, simplemente por exponer ideas que no eran políticamente correctas y que develaban la hipocrecía de quienes defendían “principios divinos”.

No se necesita más que vivir de una manera diferente y convertirse en un referente ético para ser perseguido por quienes deambulan por la vida creyendo que se puede estar al mismo tiempo bien con Dios y con el diablo. La vida exige definirse. De otro modo, simplemente, lo que nos espera es un camino espinoso y poco confiable.

Como he dicho en algunos momentos, prefiero interactuar con un ateo convencido que con un creyente tibio y que es como veleta. El primero es más confiable, al menos, no miente.

“Métense a querer dar gusto a todos, que es imposible, y vienen a disgustar a todos, que es más fácil” (Baltasar Gracián )


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: Reflexiones al amanecer 


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23 ene. 2018

Justicia



“Queridos hijos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como él es justo” (1 Juan 3:7)

En ética el concepto justicia es vital, ningún acto virtuoso está completo si no se actúa de manera justa. Sin embargo, muchos confunden el término y le asignan fines y cualidades que nada tienen que ver con la justicia real.

Cuando la justicia es defendida desde el poder, tiene un sesgo, porque existe la tendencia a imponer criterios, simplemente, porque se tiene el poder para hacerlo.

El problema se torna aún más complejo cuando la justicia es defendida, alimentada y dirigida por un poder religioso. La tendencia a irse al extremo es muy grande, es lo que demuestran los miles y miles de ejemplos de la historia.

Los seres humanos han sido los protagonistas de las historias más escalofriantes que existen. Cuesta creer, por ejemplo, que muchos de los jerarcas nazis eran fieles miembros de iglesias tradicionales, algunos, incluso, clérigos. Lo mismo puede decirse de Bosnia y sus masacres, y de latinoamérica y los grupos de narcos, la mayoría se declara creyente, y sin embargo, no dudan en cometer las peores tropelías.

Una sociedad tiene que generar el contexto legal y ético para cuidar de sí misma, con todos incluídos. Elegir gobernantes que sean capaces de acatar las leyes y el conjunto de la sociedad.

Dios no envió a su pueblo a crear una nación. Ese fue el clásico error de Israel que comenzó cuando pidieron rey. La convicción divina era que se constituyeran en un medio de comunicación donde dieran a conocer con sus vidas y su ejemplo quién era el Dios verdadero, pero como muchos religiosos de hoy, se envanecieron y en vez de ser luz se convirtieron en tinieblas, para otros y para sí mismos.

“Estoy a favor de la verdad, la diga quien la diga. Estoy a favor de la justicia, a favor o en contra de quien sea” (Malcolm X)



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: Reflexiones al amanecer 


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22 ene. 2018

¡Qué fácil es ser juez!



“¿Quién eres para juzgar a tu prójimo?” (Santiago 4:12)

Los seres humanos somos extremadamente contradictorios. Juzgamos, con simpleza e incluso crueldad, pero, la mayoría de los humanos espera que nadie los juzgue a ellos. La irracionalidad de esta situación es descrita en la pregunta que hace Santiago: ¿Quiénes somos para juzgar al prójimo?

Lamentablemente, no entendemos que juzgar es un ejercicio propio de la presunción. Se presume saber sólo porque se ve. Como si lo externo nos dijera la verdad de una persona. La realidad dista mucho de ese estereotipo infantil. La mayoría de los seres humanos no revela con facilidad lo que es y lo que piensa. A menudo, buscan la tranquilidad de la confianza confidencial, de otro modo, dicen lo que los otros quieren escuchar o simplemente, callan.

Trabajo con problemas. A eso me dedico desde hace tres décadas. Como orientador y consejero de parejas y familias en crisis, a menudo me encuentro con la crueldad de quienes, mirando desde lejos se consideran aptos para decir qué deben o no hacer quienes están padeciendo un determinado conflicto, sin detenerse a pensar realmente en quiénes son esas personas. Muchos simplemente, opinan, sin escuchar.

El sentido común, que es muy poco común, nos dice que para emitir opinión debemos ser cautelosos, especialmente si no conocemos toda la realidad de alguien. Los pormenores generalmente no son de poca monta, explican lo que a simple vista no se ve.

Una ética correcta, a la manera de Jesús, sería nunca emitir un juicio sobre nadie, porque en general, nadie entiende realmente a nadie, se precisa de tiempo para aprender a conocer a otros.

“En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven” (Nicolás Maquiavelo)



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: Reflexiones al amanecer 


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21 ene. 2018

Una moral sin ataduras subjetivas



“No se desprecia al ladrón que roba para mitigar su hambre” (Proverbios 6:30)

El robo es robo, no obstante, en el versículo que precede pareciera que se relativizara el acto de robar, porque en el fondo, los motivos explican determinados actos y la moral que surge de allí también. Dicho de otro modo, si una persona se ve enfrentada al hecho de robar un pedazo de pan para vivir o morir de hambre, probablemente la mayoría de las personas optaría por lo primero, aún cuando sus principios le digan que robar es algo malo o negativo.

Muchas personas, especialmente de índole legalista o con tendencias fundamentalistas, sienten que todo lo que se refiere a moral debe ser blanco o negro, cuando la realidad, es que hay muchas situaciones donde lo que prima es cuestiones más bien grises, donde es difícil establecer un absoluto, al menos, al nivel humano.

Dios es el único que tiene la prerrogativa de lo absoluto, los seres humanos batallamos para entender, en el día a día y en lo cotidiano para resolver cómo actuar. Esto es aún más dificil en situaciones límites y conflictos donde hay valores encontrados.

Una moral rígida normativa no es capaz de ver que en la práctica existen muchos momentos donde hay que optar por un valor superior, especialmente, cuando se confrontan valores. La moral, lamentablemente, especialmente de tinte fundamentalista no es capaz de captar este mensaje, y por lo tanto, tiende a ser drástica procando mucho dolor y resentimiento. No se puede ir por la vida creyendo que se puede vivir en los extremos de lo blanco o lo negro, cuando la realidad es gris. Quienes obran así, actúan como si fueran Dios, con una salvadedad, no conocen todo, sólo una parte del entramado y por esa razón, cometen tantos errores de juicio.

“Nunca permitas que el sentido de la moral te impida hacer lo que está bien” (Isaac Asimov)




Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: Reflexiones al amanecer 


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