19 sept. 2017

Corona de los ancianos



“La corona del anciano son sus nietos” (Proverbios 17:6)

En el mundo antiguo los hijos eran considerados lo más preciado, lamentablemente, eso excluía a las hijas. Un varón con varios hijos se consideraba feliz, uno con varias hijas, desdichado. Las circunstancias que se vivían hacían que eso fuera posible porque, aparte de que la situación de la mujer era precaria, para un padre significaba tener que pagar una dote para el matrimonio de su hija, algo como lo que sigue ocurriendo en países de Asia y en sectores de Oriente Medio. Hasta hace algunos años en algunos países de occidente, cuando se casaba una hija el padre de la novia tenía que pagar todos los costos de la boda, incluyendo la recepción de los invitados y la fiesta. Eso ha pasado, pero aún se mantiene en algunos rincones subdesarrollados.

Cuando se llegaba a anciano, la felicidad completa era ver crecer a los nietos (varones), que de alguna manera aseguraban la continuidad de la herencia y la vigencia de las tierras. En el caso de reyes, el mantenimiento de la dinastía.

Contexualizando al día de hoy, el versículo tiene una aplicación diferente. Alejado de los sexismos bíblicos y de sus concepciones patriarcales obsoletas, es dable pensar que los ancianos puedan sentirse felices al ver crecer a sus nietos y nietas, porque de alguna manera se ven reflejados en ellos y porque se dan cuenta que han hecho bien la tarea, en el caso, de haber tenido relaciones interpersonales sanas con sus hijos.

Lamentablemente, estamos asistiendo a una tragedia silenciosa en el mundo contemporáneo. Los divorcios y las separaciones de hecho han aumentado de manera exponencial, y muchos padres y madres, cometen un error garrafal que es alejar a sus hijos e hijas de sus abuelos. Hay suficientes estudios para demostrar lo positivo que es para los niños crecer cerca de sus abuelos, que en general, tienen más paciencia, son más condescendientes con los niños, y están dispuestos a hacer tareas que los padres no pueden por su trabajo, considerando que en la mayoría de los hogares para poder mantener el ritmo de vida moderno es preciso que trabajen ambos. Cuando privamos a los hijos de crecer con sus abuelos, les hacemos un gran daño a todos.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!

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