25 mar. 2017

Reprensión al sabio


“No reprendas al arrogante, porque te aborrecerá; reprende al sabio, y te amará” (Proverbios 9:8)
 

Hay una diferencia radical entre el arrogante, que la Biblia lo considera necio y el sabio. Ambos actúan diferente cuando son reprendidos. El orgulloso que cree saberlo todo odia a quien intenta corregirlo. El sabio, en cambio, sabiendo que no sabe todo y que necesita aprender, recibe con alegría la recomendación y ama a quién le indica algo que puede contribuir a ser mejor.
 

¿Por qué el arrogante reacciona tan mal? En cierta forma porque cognitivamente está ciego a su propia condición. En cierto modo, es una persona que merece conmiseración y una actitud compasiva. Se ha puesto a sí mismo en una situación en que no está dispuesto a aprender y no hay mejor forma de fracasar que esa, creer que se tienen todas las respuestas y estar ciego a cualquier sugerencia que podría mejorar mi vida o mi gestión.
 

Los peores administradores que he conocido en la iglesia, han tenido esa actitud. Asumen cargos eclesiásticos y de pronto creen saber todas las respuestas. Suelo bromear que sus asientos son milagrosos. El día anterior eran uno más del pueblo, al día siguiente de haberse sentado en esas sillas administrativas, conocen todo, saben todo y no necesitan que nadie les de directrices o consejos. 
La única variante han sido las sillas, así que el milagro reside en esos asientos que proveen sabiduría. Lamentablemente, antes que se den cuenta de su error, dañan, maltratan y provocan dolores que podrían haberse evitado con una actitud de más humildad.
 

Al contrario, el sabio está siempre dispuesto a escuchar. Sabe que no tiene todas las respuestas, por lo tanto, va constantemente en busca de nuevas formas de hacer las cosas. Escucha, lo que ya es una gran cosa en un mundo de supuestos líderes que sólo se oyen a sí mismos pero no escuchan a nadie. Los sabios atienden los consejos, se detienen, reflexionan, meditan en las decisiones que han tomado y luego, actúan en concordancia.
 

Los arrogantes cometen muchos más errores que los sabios, precisamente, porque en su orgullo no logran darse cuenta que van por un barranco y que su forma de hacer las cosas causa daño y provoca pérdidas. En el ministerio pastoral y en la administración eclesiástica abundan los arrogantes que creen tener todas las respuestas, sin darse cuenta que no saben nada.
 

Oración: Amado Dios, hazme sabio para saber aprenciar los consejos que reciba, sin caer en la arrogancia de rechazarlos.



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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!


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