30 sept. 2016

Poner atención


“No atendí a la voz de mis maestros, ni presté oído a mis instructores” (Proverbios 5:13)
En mi adolescencia sufrí un accidente grave y tuve que ser hospitalizado. Aún recuerdo como si fuera ayer el encuentro con un hombre que habiendo sido expulsado del colegio cristiano donde yo mismo estudiaba en ese momento, se lamentaba al borde de la muerte no haber sido juicioso para escuchar la voz de sus maestros y prestado oído a quienes querían su bien y no su mal.

Casi toda mi vida profesional he estado involucrado con la educación. He conocido malos profesores, los menos, las excepciones. Me consta que la mayoría de ellos anhela lo mejor para sus alumnos y hacen los mejores esfuerzos para lograr que se conviertan en personas de bien.

Es triste ver cuando un joven o una señorita, que apenas se asoman a la vida, actuar como si tuvieran todas las respuestas y despreciar abiertamente las enseñanzas que se les pretende entregar.

Es un acto de soberbia y orgullo insano atreverse a despreciar las enseñanzas de personas que llevan de vida mucho tiempo más de lo que un adolescente ha vivido.

A menudo algunos de ellos califican a los docentes de retrógados o anticuados, sin darse cuenta, que lo que ellos representan, es precisamente los hitos antiguos que nos permiten vivir en paz.

Hace algunos años me reecontré con uno de esos alumnos que hacía todo lo posible para vivir de manera contraria a lo que le enseñaban. Se jactaba de que él sabía lo que quería y que nadie lo iba a detener en sus decisiones.

Cuando lo volví a ver estaba tirado en la calle convertido en un drogadicto. Me acerqué, le tomé la mano, apenas me reconoció en su nebulosa de adicto. Me sonrió con un gesto de amargura y autodesprecio y me dijo:

—Aquí estoy. Me lo he ganado.

Quise llevarlo a otro lugar. Empujarlo a un hospital y me dijo:

—No hay caso, ya probaron y no resulta.

Lo último que supe de él es que había muerto en la calle en una de sus subidas de droga. No hacer caso mata.

Oración: Amado Dios, sé que todo lo haces por mi es por mi bien, ayúdame a ser juicioso para seguir tus instrucciones y también, para escuchar a quienes has comisionado.

Copyrigh: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: 
¡Háblame Señor!

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